Hay un momento alquímico en que el hierro fatigado se convierte en oro. Es el momento en que tú lo crees.
Hay un momento en el que las contradicciones cesan, porque la razón tiene un límite y la fe es omnipotente
Scalabrini Ortiz
When all else is lost, the future still remains
When the future is lost, is the end
When the future is lost, is the end
21 dicembre 2012
01 novembre 2012
31 ottobre 2012
Dice Boudou
"A los poderosos no les gusta que vengan líderes que cambien las cosas .... tampoco les gustó cuando vinieron Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner"
Comentario
¿Quienes son "los poderosos", un jubilado que no puede hacer valer una sentencia de la Corte Suprema y sigue cobrando mal, o los funcionarios del gobierno, vecinos de Puerto Madero, que deciden quien puede o no comprar dolares, y que cuando se los investiga por enriquecimiento ilícito son sobreseidos en trámite express?
A ver si te das cuenta Boudou.
Poderosos son Uds.
Burgeses son Uds.
Capitalistas son Uds.
¿O acaso son proletarios de fábrica?
27 julio 2012
"A los poderosos no les gusta que vengan líderes que cambien las cosas .... tampoco les gustó cuando vinieron Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner"
Comentario
¿Quienes son "los poderosos", un jubilado que no puede hacer valer una sentencia de la Corte Suprema y sigue cobrando mal, o los funcionarios del gobierno, vecinos de Puerto Madero, que deciden quien puede o no comprar dolares, y que cuando se los investiga por enriquecimiento ilícito son sobreseidos en trámite express?
A ver si te das cuenta Boudou.
Poderosos son Uds.
Burgeses son Uds.
Capitalistas son Uds.
¿O acaso son proletarios de fábrica?
27 julio 2012
Decía Berni, subsecretario de seguridad:
"Uno de los últimos extranjeros detenidos lo apresamos diez veces en el último año y medio. A ver si me escuchó: diez veces apresamos al mismo delincuente en el último año y medio"
¿Y a mi que me decís Berni?, el que está en seguridad sos vos, el monopolio de la fuerza en un estado democrático lo tiene el Estado, el que recauda para gastar en seguridad es el Estado, el que te paga el sueldo es el Estado. ¿Que diantres estás haciendo que arrestas al mismo tipo diez veces? ¿No serás un poquito incompetetnte? Si tenés dignidad RENUNCIÁ y con vos todos los que te avalan.
13 septiembre 2012
"Uno de los últimos extranjeros detenidos lo apresamos diez veces en el último año y medio. A ver si me escuchó: diez veces apresamos al mismo delincuente en el último año y medio"
¿Y a mi que me decís Berni?, el que está en seguridad sos vos, el monopolio de la fuerza en un estado democrático lo tiene el Estado, el que recauda para gastar en seguridad es el Estado, el que te paga el sueldo es el Estado. ¿Que diantres estás haciendo que arrestas al mismo tipo diez veces? ¿No serás un poquito incompetetnte? Si tenés dignidad RENUNCIÁ y con vos todos los que te avalan.
13 septiembre 2012
Nota: Estela de Carlotto dice que el cacerolazo fue de "gente bien vestida, de clase media-alta"
COMENTARIO
Bien, gente bien vestida. Pregunto ¿Cristina se viste mal? ¿Boudu se viste mal? ¿Timmerman se viste mal? ¿Algún funcionario pasa miseria? ¿Los poderosos quienes son? ¿Quienes deciden el valor del dolar, el destino de los recursos presupuestarios, que hacer con seguridad, justicia, educación? ¿Los humildes? ¿Los mal vestidos? ¿Quiene viven en Puerto Madero? ¿Quienes se enriquecen con especulaciones en tierras? ¿Son los mismos que se enriquecieron antes con usura? NO NOS TOMEN POR TONTOS. LOS BURGESES, LOS RICOS, LOS PODEROSOS, SON LOS QUE HOY ESTAN EN EL GOBIERNO.
14 septiembre 2012
COMENTARIO
Bien, gente bien vestida. Pregunto ¿Cristina se viste mal? ¿Boudu se viste mal? ¿Timmerman se viste mal? ¿Algún funcionario pasa miseria? ¿Los poderosos quienes son? ¿Quienes deciden el valor del dolar, el destino de los recursos presupuestarios, que hacer con seguridad, justicia, educación? ¿Los humildes? ¿Los mal vestidos? ¿Quiene viven en Puerto Madero? ¿Quienes se enriquecen con especulaciones en tierras? ¿Son los mismos que se enriquecieron antes con usura? NO NOS TOMEN POR TONTOS. LOS BURGESES, LOS RICOS, LOS PODEROSOS, SON LOS QUE HOY ESTAN EN EL GOBIERNO.
14 septiembre 2012
Artículo en La Nación (diario) del 31 de octubre 2012 de
Diana Cohen Agrest
EN EL PAIS DEL CRIMEN SIN CASTIGO
En Crimen y castigo, el gran Dostoievski penetró en las profundidades más inabordables del alma humana, en ese territorio abismal en donde se incrusta el ancestral sentimiento de culpabilidad. En sus páginas, Raskolnikov comienza siendo un antihéroe que, tras matar a una vecina para hacerse de un dinero, logra sortear el castigo de la ley positiva, termina por encarnar una conciencia moral que se torna un flagelo personal que emerge de su lucha interior frente al mal cometido.
No se trata de una cuestión epocal, pues una de las prohibiciones sobre las que se construyó la civilización es el homicidio. Frente al impulso de destrucción, disponemos de apenas dos armas: la angustia de culpabilidad y el temor al castigo. Esas armas fueron neutralizadas en la Argentina que nos duele. Un Raskolnikov que se entrega voluntariamente a la justicia es poco creíble cuando el delincuente es tenido por una víctima condicionada por factores psicosociológicos que lo exoneran de la culpa, en un sistema penal que favorece la evanescencia de la angustia de culpabilidad y la exoneración de la pena por cumplir gracias a la cual puede continuar delinquiendo.
Pero lo que nos duele no es literatura. La deslegitimación del sistema penal es alentada por el ministro de la corte Eugenio Raúl Zaffaroni, cuyas ideas fueron acogidas acríticamente por sus discípulos, jueces, fiscales y docentes universitarios que no perciben los riesgos de llevar al terreno operativo postulados que si bien pueden ser la fuente de interesantes debates teóricos, no deberían ser puestos en práctica, tal como lo prueba el incremento del delito de los últimos años.
La doctrina vigente defiende un abolicionismo disfrazado de derecho penal mínimo, orientado a proteger a los perseguidos por un Estado-Leviatán, una especie de monstruo animado por una compulsión a castigar discrecionalmente a sus víctimas, seleccionadas entre los más vulnerables, entre los pobres y los marginales que sobreviven condicionados por fuerzas estructurales que los sobrepasan, tales como "la frustración escolar de la persona", Zaffaroni dixit. En este escenario compasivo, no parece advertirse que tal como observa el investigador mexicano Alejandro Tomasini, "esos factores socioculturales son nociones extrajurídicas que señalan los condicionamientos de un sujeto y hasta las causas que pueden ser el caldo de cultivo del delito, pero no son las razones motivacionales que llevan a delinquir, que es el objeto de la juridicidad".
Quienes "caen presos", añade el magistrado, caen por "tontos" y "torpes". Y en una sociedad injusta es injusto castigarlos cuando no se castigan los grandes negociados (ejercidos en complicidad con las autoridades políticas y, de más está decirlo, judiciales). Se impone entonces una lógica impunitiva "igualitaria" que en lugar de buscar sancionar a todo aquel que transgrede la norma, se lo exonera: como no se castiga al poderoso, tampoco debe castigarse al "tonto" y "torpe".
Ya el jurista Carlos Nino señalaba veinte años atrás que la victimización desconoce la capacidad de elección del delincuente. Y al descalificarlo, hace de él "un objeto de manipulación con fines benéficos", omitiéndose que los factores socioculturales invocados afectan de forma semejante tanto al delincuente como al que no lo es.
Este ideario niega, además, la eficacia preventiva del castigo y aduce que el endurecimiento de la pena "no sirve para nada" porque el delincuente no circula con el Código Penal en la mochila como si se tratara de una guía turística para consultar para saber de antemano cuál de los delitos es sancionado más gravosamente o cuál puede gozar de mayores beneficios de excarcelación. Pese a esta caricaturización del delincuente, es innegable que éste hace un balance del costo-beneficio, pues le inquieta la debilidad o fortaleza del sistema de investigación criminal que determina la aplicación de la norma o los medios que se emplean para hacerla efectiva. Si en lugar de confiar en chicanas procesales que le reducirán o hasta lo exonerarán de la sanción, el delincuente tuviera la certeza de que la pena fijada se cumplirá sin una sarta de "beneficios" tan legales como riesgosos para la sociedad, se acabaría el negocio en un sistema penal cimentado en la connivencia y la complicidad entre delincuentes y numerosos policías, abogados y jueces. Un negocio que empieza a facturar apenas es capturado: si la pena perpetua fuera perpetua (como lo es la pena de quienes lloran a las víctimas) o de ser menor, fuera de efectivo cumplimiento y no se negociara, se acabaría con gran parte de la corrupción del sistema.
Cuando es denunciada, la defensa corporativista obstaculiza todo intento de enjuiciar a magistrados cómplices, como Axel López (uno más entre otros ya exonerados como Sal Lari o Carlos Flores), a quien el Consejo de la Magistratura exculpó porque "no había hecho nada malo" cuando benefició con salidas transitorias a un violador que reincidió. Es el mismo juez que le concedió libertad condicional al cuádruple violador, devenido remisero, quien usó ese "beneficio" para matar a Tatiana Kolodziez. "Beneficios" que, pese a ser optativos, son concedidos con prodigalidad asesina por jueces indirectamente asesinos.
Con su complicidad, el Estado insiste en su experimento social que se vale de este ideario como de un instrumento homicida tan legal como ilegítimo: un informe de la OEA concluye que encabezamos el ranking de robos en el continente. Y el Ministerio de Salud de la Nación denuncia que el segmento "muertes de causa externa de intención no determinada" encubre las tasas reales de muertes violentas. Con su silencio, el Estado es -por omisión- un ejecutor indirecto de los crímenes.
Hay dos vías no excluyentes para combatir el delito: una se construye a partir de políticas sociales autosustentables basadas en una escolarización de calidad, en la formación de los jóvenes en escuelas técnicas y de oficios, y en la creación de fuentes genuinas de trabajo. Pero como es lenta y aporta escaso rédito político a corto plazo, la oportunidad de implementarla se perdió en los últimos años con la ejecución de políticas asistencialistas que no contribuyeron a disminuir la delincuencia.
La segunda vía es la sanción penal, inaplicable mientras sólo se invoquen las garantías constitucionales a favor del reo y se alegue que aplicar las penas o tipificar conductas es un error inútil que en poco tiempo terminará por colapsar el sistema, pasándose por alto que si la cadena sancionatoria es vulnerable, no se deben imponer sanciones más laxas, sino hacer que sus eslabones se encarnen en una fuerza policial, un poder judicial y un servicio penitenciario más eficientes y menos corruptos.
Con el beneplácito de un Gobierno que se ufana de la defensa de las garantías que afectan de forma desigual a los "vatayones militantes" y barras bravas que a los que viven en el marco de la ley, los agentes públicos que nos representan -los poderes ejecutivo, legislativo y judicial- carecen de la voluntad política de penalizar el delito. Si el Gobierno fuera tan igualitario en el ámbito penal como se proclama en todas las demás áreas de su incumbencia, si le importara que una vida arrancada por la absurda violencia sea consentida y alentada por su complicidad y por su silencio garante de la impunidad, si los derechos humanos no fueran privativos de los que delinquen y si se tomara conciencia de que, cuando un inocente es asesinado, poco tienen que ver la izquierda o la derecha o las dictaduras o las democracias o el gobierno o la oposición; si en lugar de llorar sólo a los muertos de la dictadura se llorara también a los muertos silenciados por la democracia, que no le sirven al relato, si pudiera todo ese dolor hacerse carne en cada uno de los argentinos que aspiramos a una nación pacificada y previsible, habríamos dado el primer paso en un itinerario guiado por la cordura, por la verdad y por la justicia. Ese itinerario que, si aspiramos a sobrevivir como un Estado de Derecho, debemos comenzar a recorrer.
Diana Cohen Agrest
EN EL PAIS DEL CRIMEN SIN CASTIGO
En Crimen y castigo, el gran Dostoievski penetró en las profundidades más inabordables del alma humana, en ese territorio abismal en donde se incrusta el ancestral sentimiento de culpabilidad. En sus páginas, Raskolnikov comienza siendo un antihéroe que, tras matar a una vecina para hacerse de un dinero, logra sortear el castigo de la ley positiva, termina por encarnar una conciencia moral que se torna un flagelo personal que emerge de su lucha interior frente al mal cometido.
No se trata de una cuestión epocal, pues una de las prohibiciones sobre las que se construyó la civilización es el homicidio. Frente al impulso de destrucción, disponemos de apenas dos armas: la angustia de culpabilidad y el temor al castigo. Esas armas fueron neutralizadas en la Argentina que nos duele. Un Raskolnikov que se entrega voluntariamente a la justicia es poco creíble cuando el delincuente es tenido por una víctima condicionada por factores psicosociológicos que lo exoneran de la culpa, en un sistema penal que favorece la evanescencia de la angustia de culpabilidad y la exoneración de la pena por cumplir gracias a la cual puede continuar delinquiendo.
Pero lo que nos duele no es literatura. La deslegitimación del sistema penal es alentada por el ministro de la corte Eugenio Raúl Zaffaroni, cuyas ideas fueron acogidas acríticamente por sus discípulos, jueces, fiscales y docentes universitarios que no perciben los riesgos de llevar al terreno operativo postulados que si bien pueden ser la fuente de interesantes debates teóricos, no deberían ser puestos en práctica, tal como lo prueba el incremento del delito de los últimos años.
La doctrina vigente defiende un abolicionismo disfrazado de derecho penal mínimo, orientado a proteger a los perseguidos por un Estado-Leviatán, una especie de monstruo animado por una compulsión a castigar discrecionalmente a sus víctimas, seleccionadas entre los más vulnerables, entre los pobres y los marginales que sobreviven condicionados por fuerzas estructurales que los sobrepasan, tales como "la frustración escolar de la persona", Zaffaroni dixit. En este escenario compasivo, no parece advertirse que tal como observa el investigador mexicano Alejandro Tomasini, "esos factores socioculturales son nociones extrajurídicas que señalan los condicionamientos de un sujeto y hasta las causas que pueden ser el caldo de cultivo del delito, pero no son las razones motivacionales que llevan a delinquir, que es el objeto de la juridicidad".
Quienes "caen presos", añade el magistrado, caen por "tontos" y "torpes". Y en una sociedad injusta es injusto castigarlos cuando no se castigan los grandes negociados (ejercidos en complicidad con las autoridades políticas y, de más está decirlo, judiciales). Se impone entonces una lógica impunitiva "igualitaria" que en lugar de buscar sancionar a todo aquel que transgrede la norma, se lo exonera: como no se castiga al poderoso, tampoco debe castigarse al "tonto" y "torpe".
Ya el jurista Carlos Nino señalaba veinte años atrás que la victimización desconoce la capacidad de elección del delincuente. Y al descalificarlo, hace de él "un objeto de manipulación con fines benéficos", omitiéndose que los factores socioculturales invocados afectan de forma semejante tanto al delincuente como al que no lo es.
Este ideario niega, además, la eficacia preventiva del castigo y aduce que el endurecimiento de la pena "no sirve para nada" porque el delincuente no circula con el Código Penal en la mochila como si se tratara de una guía turística para consultar para saber de antemano cuál de los delitos es sancionado más gravosamente o cuál puede gozar de mayores beneficios de excarcelación. Pese a esta caricaturización del delincuente, es innegable que éste hace un balance del costo-beneficio, pues le inquieta la debilidad o fortaleza del sistema de investigación criminal que determina la aplicación de la norma o los medios que se emplean para hacerla efectiva. Si en lugar de confiar en chicanas procesales que le reducirán o hasta lo exonerarán de la sanción, el delincuente tuviera la certeza de que la pena fijada se cumplirá sin una sarta de "beneficios" tan legales como riesgosos para la sociedad, se acabaría el negocio en un sistema penal cimentado en la connivencia y la complicidad entre delincuentes y numerosos policías, abogados y jueces. Un negocio que empieza a facturar apenas es capturado: si la pena perpetua fuera perpetua (como lo es la pena de quienes lloran a las víctimas) o de ser menor, fuera de efectivo cumplimiento y no se negociara, se acabaría con gran parte de la corrupción del sistema.
Cuando es denunciada, la defensa corporativista obstaculiza todo intento de enjuiciar a magistrados cómplices, como Axel López (uno más entre otros ya exonerados como Sal Lari o Carlos Flores), a quien el Consejo de la Magistratura exculpó porque "no había hecho nada malo" cuando benefició con salidas transitorias a un violador que reincidió. Es el mismo juez que le concedió libertad condicional al cuádruple violador, devenido remisero, quien usó ese "beneficio" para matar a Tatiana Kolodziez. "Beneficios" que, pese a ser optativos, son concedidos con prodigalidad asesina por jueces indirectamente asesinos.
Con su complicidad, el Estado insiste en su experimento social que se vale de este ideario como de un instrumento homicida tan legal como ilegítimo: un informe de la OEA concluye que encabezamos el ranking de robos en el continente. Y el Ministerio de Salud de la Nación denuncia que el segmento "muertes de causa externa de intención no determinada" encubre las tasas reales de muertes violentas. Con su silencio, el Estado es -por omisión- un ejecutor indirecto de los crímenes.
Hay dos vías no excluyentes para combatir el delito: una se construye a partir de políticas sociales autosustentables basadas en una escolarización de calidad, en la formación de los jóvenes en escuelas técnicas y de oficios, y en la creación de fuentes genuinas de trabajo. Pero como es lenta y aporta escaso rédito político a corto plazo, la oportunidad de implementarla se perdió en los últimos años con la ejecución de políticas asistencialistas que no contribuyeron a disminuir la delincuencia.
La segunda vía es la sanción penal, inaplicable mientras sólo se invoquen las garantías constitucionales a favor del reo y se alegue que aplicar las penas o tipificar conductas es un error inútil que en poco tiempo terminará por colapsar el sistema, pasándose por alto que si la cadena sancionatoria es vulnerable, no se deben imponer sanciones más laxas, sino hacer que sus eslabones se encarnen en una fuerza policial, un poder judicial y un servicio penitenciario más eficientes y menos corruptos.
Con el beneplácito de un Gobierno que se ufana de la defensa de las garantías que afectan de forma desigual a los "vatayones militantes" y barras bravas que a los que viven en el marco de la ley, los agentes públicos que nos representan -los poderes ejecutivo, legislativo y judicial- carecen de la voluntad política de penalizar el delito. Si el Gobierno fuera tan igualitario en el ámbito penal como se proclama en todas las demás áreas de su incumbencia, si le importara que una vida arrancada por la absurda violencia sea consentida y alentada por su complicidad y por su silencio garante de la impunidad, si los derechos humanos no fueran privativos de los que delinquen y si se tomara conciencia de que, cuando un inocente es asesinado, poco tienen que ver la izquierda o la derecha o las dictaduras o las democracias o el gobierno o la oposición; si en lugar de llorar sólo a los muertos de la dictadura se llorara también a los muertos silenciados por la democracia, que no le sirven al relato, si pudiera todo ese dolor hacerse carne en cada uno de los argentinos que aspiramos a una nación pacificada y previsible, habríamos dado el primer paso en un itinerario guiado por la cordura, por la verdad y por la justicia. Ese itinerario que, si aspiramos a sobrevivir como un Estado de Derecho, debemos comenzar a recorrer.
28 maggio 2012
Me gusto la precision del articulo
Publicado por
LUIS RAPPOPORT ECONOMISTA
Diario Clarin
28/05/2012
Unos comerciantes veteranos que se juntaban en la vieja confitería Richmond contaban la historia de un empresario que pidió plata a un amigo e inició un negocio. Como el proyecto no era viable no pudo devolver el préstamo. Resolvió el problema con un pagaré y con información falsa sobre su negocio. Cuando venció el pagaré, simuló optimismo y, para ganar tiempo, cambió el pagaré por un cheque diferido de su mujer. Al vencer el cheque, el amigo enojado quiso iniciarle una demanda, y como nuestro héroe había falsificado la firma de su esposa, no tuvo mejor idea que matarlo. Ya en la cárcel – abandonado por su familia – se ahorcó con una media.
Cada paso que daba se enterraba más. Dejó crecer un pequeño problema hasta terminar con su vida . Los comerciantes llamaban a esa conducta “síndrome del quebrado”.
Y decían con humor: “lo importante es no creerte tus propias mentiras”.
A la Argentina le vendría bien el consejo de esos viejos comerciantes. Aunque toda la experiencia argentina e internacional indica lo contrario, hacia el 2006 las autoridades se convencieron de que con inflación podía haber crecimiento y equidad. Para que no se note, destruyeron el sistema estadístico nacional. Con esa medida se dio el primer paso del “síndrome del quebrado”.
No sólo teníamos inflación sino que se mentía a la población .
Cuando profesionales privados empezaron a calcular índices de precios, los persiguieron, con lo cual, pasaron a lesionar los derechos humanos, que eran el valor sobre el que se edificó la actual etapa democrática. Como la inflación no se detiene falseando índices, decidieron tapar el problema bajo una alfombra mayor: anclaron el dólar y los precios de la energía, el transporte y otros servicios públicos con subsidios crecientes.
Ahora ya teníamos inflación, gasto fiscal, pérdida de competitividad cambiaria y falta de incentivos a la inversión en el sector energético, además de mentiras y lesión a los derechos humanos .
Estábamos como el comerciante al momento de falsificar la firma de su mujer. Como había que pagar la cuenta, metimos la mano en las AFJP, por esa vía destruimos la única fuente de financiamiento de largo plazo a la inversión. Al cabo, como la producción de energía caía, pasamos a importar gas y de petróleo. Y el “síndrome del quebrado” seguía su curso, con un adicional: muchos argentinos dejaron de confiar y compraban dólares para llevarlos al colchón o al exterior .
Hacia el 2011, como los funcionarios creían sus propias mentiras, era su deber patriótico ganar las elecciones. Para hacerlo, ¿qué mejor que la emisión monetaria? La plata sirvió para seguir planchando los precios de los servicios y para aumentar los sueldos y el plantel de empleados públicos. Los pesos no deseados buscaron sus dólares y l legamos a la semana previa a las elecciones con la primera corrida cambiaria.
Con la convicción de nuestro empresario suicida, las autoridades dejaron de vender dólares y habilitaron el mercado paralelo.
Tenía una lógica muy propia del “síndrome del quebrado”: “es mejor el control de cambios y el paralelo, porque si sigo con libertad cambiaria se fugan los dólares”.
No se les ocurrió dejar de emitir pesos, para no financiar ni la fuga, ni el paralelo y poner en marcha un plan antiinflacionario.
No parecen querer cambiar las bases del modelo suicida.
Para cuidar los dólares restringieron las importaciones, con lo cual, con un solo golpe atentaron contra el abastecimiento industrial, mataron al Mercosur y nos peleamos con los principales países del mundo.
Luego, en lugar de concebir una política energética, confiscamos acciones de YPF. Y, con eso, se nos terminó de cerrar el mercado financiero, cuando las provincias – a falta de recursos – debían financiarse con deuda.
Ahora estamos en recesión , la inflación crece, el dólar oficial no permite exportar, no se pueden cerrar las paritarias, debemos importar energía, se lesionan los derechos humanos, no tenemos estadísticas, las provincias y municipios están desfinanciados, hay una brecha cambiaria insostenible, se trabó el comercio exterior (tanto de importación como de exportación), estamos peleados con nuestros vecinos y con los principales países del mundo … y el síndrome del quebrado sigue.
Es momento de parar. Dejar de creer en las propias mentiras. Asumir que la verdad, aunque sea dolorosa, es siempre reparadora. No llegar al suicidio. Porque en este barco, estamos todos los argentinos.
Publicado por
LUIS RAPPOPORT ECONOMISTA
Diario Clarin
28/05/2012
Unos comerciantes veteranos que se juntaban en la vieja confitería Richmond contaban la historia de un empresario que pidió plata a un amigo e inició un negocio. Como el proyecto no era viable no pudo devolver el préstamo. Resolvió el problema con un pagaré y con información falsa sobre su negocio. Cuando venció el pagaré, simuló optimismo y, para ganar tiempo, cambió el pagaré por un cheque diferido de su mujer. Al vencer el cheque, el amigo enojado quiso iniciarle una demanda, y como nuestro héroe había falsificado la firma de su esposa, no tuvo mejor idea que matarlo. Ya en la cárcel – abandonado por su familia – se ahorcó con una media.
Cada paso que daba se enterraba más. Dejó crecer un pequeño problema hasta terminar con su vida . Los comerciantes llamaban a esa conducta “síndrome del quebrado”.
Y decían con humor: “lo importante es no creerte tus propias mentiras”.
A la Argentina le vendría bien el consejo de esos viejos comerciantes. Aunque toda la experiencia argentina e internacional indica lo contrario, hacia el 2006 las autoridades se convencieron de que con inflación podía haber crecimiento y equidad. Para que no se note, destruyeron el sistema estadístico nacional. Con esa medida se dio el primer paso del “síndrome del quebrado”.
No sólo teníamos inflación sino que se mentía a la población .
Cuando profesionales privados empezaron a calcular índices de precios, los persiguieron, con lo cual, pasaron a lesionar los derechos humanos, que eran el valor sobre el que se edificó la actual etapa democrática. Como la inflación no se detiene falseando índices, decidieron tapar el problema bajo una alfombra mayor: anclaron el dólar y los precios de la energía, el transporte y otros servicios públicos con subsidios crecientes.
Ahora ya teníamos inflación, gasto fiscal, pérdida de competitividad cambiaria y falta de incentivos a la inversión en el sector energético, además de mentiras y lesión a los derechos humanos .
Estábamos como el comerciante al momento de falsificar la firma de su mujer. Como había que pagar la cuenta, metimos la mano en las AFJP, por esa vía destruimos la única fuente de financiamiento de largo plazo a la inversión. Al cabo, como la producción de energía caía, pasamos a importar gas y de petróleo. Y el “síndrome del quebrado” seguía su curso, con un adicional: muchos argentinos dejaron de confiar y compraban dólares para llevarlos al colchón o al exterior .
Hacia el 2011, como los funcionarios creían sus propias mentiras, era su deber patriótico ganar las elecciones. Para hacerlo, ¿qué mejor que la emisión monetaria? La plata sirvió para seguir planchando los precios de los servicios y para aumentar los sueldos y el plantel de empleados públicos. Los pesos no deseados buscaron sus dólares y l legamos a la semana previa a las elecciones con la primera corrida cambiaria.
Con la convicción de nuestro empresario suicida, las autoridades dejaron de vender dólares y habilitaron el mercado paralelo.
Tenía una lógica muy propia del “síndrome del quebrado”: “es mejor el control de cambios y el paralelo, porque si sigo con libertad cambiaria se fugan los dólares”.
No se les ocurrió dejar de emitir pesos, para no financiar ni la fuga, ni el paralelo y poner en marcha un plan antiinflacionario.
No parecen querer cambiar las bases del modelo suicida.
Para cuidar los dólares restringieron las importaciones, con lo cual, con un solo golpe atentaron contra el abastecimiento industrial, mataron al Mercosur y nos peleamos con los principales países del mundo.
Luego, en lugar de concebir una política energética, confiscamos acciones de YPF. Y, con eso, se nos terminó de cerrar el mercado financiero, cuando las provincias – a falta de recursos – debían financiarse con deuda.
Ahora estamos en recesión , la inflación crece, el dólar oficial no permite exportar, no se pueden cerrar las paritarias, debemos importar energía, se lesionan los derechos humanos, no tenemos estadísticas, las provincias y municipios están desfinanciados, hay una brecha cambiaria insostenible, se trabó el comercio exterior (tanto de importación como de exportación), estamos peleados con nuestros vecinos y con los principales países del mundo … y el síndrome del quebrado sigue.
Es momento de parar. Dejar de creer en las propias mentiras. Asumir que la verdad, aunque sea dolorosa, es siempre reparadora. No llegar al suicidio. Porque en este barco, estamos todos los argentinos.
15 maggio 2012
Pronóstico Hay profetas religiosos y de los otros.
Bajo el título "El sombrío pronostico de Krugman" La Nación publica este comentario, para revisar a fin de año:
NUEVA YORK.- El premio Nobel de Economía y columnista estrella de The New York Times Paul Krugman vaticinó que Grecia abandonará el euro "muy probablemente" en junio, y ve posible el fin de la zona euro meses más tarde si Alemania no acepta una profunda revisión de la estrategia contra la crisis. En un brevísimo artículo titulado "Eurodämmerung" ("El ocaso del euro"), que fue publicado ayer en el blog del economista norteamericano en The New York Times, Krugman describe las cuatro fases que a su juicio llevarán a este "final del juego". 1. "Salida griega del euro, muy posiblemente el próximo mes", prevé Krugman, mientras los líderes de los partidos de ese país siguen sin alcanzar un acuerdo para formar gobierno, que de no producirse llevará a una nueva convocatoria a elecciones, en junio próximo (ver aparte). En caso de que se cumpla esta posibilidad, en su opinión y la de otros, como el Der Spiegel o incluso el Financial Times, el pánico se extendería al resto de la zona euro. La siguiente etapa de la debacle de la moneda única sería una corrida bancaria en España e Italia: 2. "Cuantiosas retiradas de fondos de los bancos españoles e italianos, a medida que los depositantes tratan de llevar su dinero a Alemania", dice Krugman. Esa sangría de depósitos se frenaría con la imposición de un eventual "corralito". 3a. "Tal vez, sólo posiblemente, se impongan controles de facto, con los bancos prohibiendo transferir depósitos fuera del país y limitando la retirada de dinero en efectivo". Esas restricciones bancarias estarían acompañadas de un auxilio financiero del bloque. 3b. "Alternativamente, o tal vez a la vez, el BCE (Banco Central Europeo) realizará fuertes inyecciones de crédito para evitar el derrumbe de los bancos", especula Krugman. 4a. "Luego, y para salvar el euro, Alemania tiene una elección. Aceptar indirectamente los reclamos que se hacen sobre Italia y España (además de realizar una drástica revisión de su estrategia) básicamente, para darle a España alguna esperanza. Además, poner en marcha garantías a la deuda para mantener bajos los costos de endeudamiento y permitir una mayor inflación en la eurozona para posibilitar el ajuste de precios relativos. O, de lo contrario... 4b. "Fin del euro". Feroz crítico de las políticas de austeridad impulsadas por Alemania y Francia, Krugman concluye: "Y estamos hablando de meses, no de años, para que esto ocurra". Agencias EFE y DPA .
Bajo el título "El sombrío pronostico de Krugman" La Nación publica este comentario, para revisar a fin de año:
NUEVA YORK.- El premio Nobel de Economía y columnista estrella de The New York Times Paul Krugman vaticinó que Grecia abandonará el euro "muy probablemente" en junio, y ve posible el fin de la zona euro meses más tarde si Alemania no acepta una profunda revisión de la estrategia contra la crisis. En un brevísimo artículo titulado "Eurodämmerung" ("El ocaso del euro"), que fue publicado ayer en el blog del economista norteamericano en The New York Times, Krugman describe las cuatro fases que a su juicio llevarán a este "final del juego". 1. "Salida griega del euro, muy posiblemente el próximo mes", prevé Krugman, mientras los líderes de los partidos de ese país siguen sin alcanzar un acuerdo para formar gobierno, que de no producirse llevará a una nueva convocatoria a elecciones, en junio próximo (ver aparte). En caso de que se cumpla esta posibilidad, en su opinión y la de otros, como el Der Spiegel o incluso el Financial Times, el pánico se extendería al resto de la zona euro. La siguiente etapa de la debacle de la moneda única sería una corrida bancaria en España e Italia: 2. "Cuantiosas retiradas de fondos de los bancos españoles e italianos, a medida que los depositantes tratan de llevar su dinero a Alemania", dice Krugman. Esa sangría de depósitos se frenaría con la imposición de un eventual "corralito". 3a. "Tal vez, sólo posiblemente, se impongan controles de facto, con los bancos prohibiendo transferir depósitos fuera del país y limitando la retirada de dinero en efectivo". Esas restricciones bancarias estarían acompañadas de un auxilio financiero del bloque. 3b. "Alternativamente, o tal vez a la vez, el BCE (Banco Central Europeo) realizará fuertes inyecciones de crédito para evitar el derrumbe de los bancos", especula Krugman. 4a. "Luego, y para salvar el euro, Alemania tiene una elección. Aceptar indirectamente los reclamos que se hacen sobre Italia y España (además de realizar una drástica revisión de su estrategia) básicamente, para darle a España alguna esperanza. Además, poner en marcha garantías a la deuda para mantener bajos los costos de endeudamiento y permitir una mayor inflación en la eurozona para posibilitar el ajuste de precios relativos. O, de lo contrario... 4b. "Fin del euro". Feroz crítico de las políticas de austeridad impulsadas por Alemania y Francia, Krugman concluye: "Y estamos hablando de meses, no de años, para que esto ocurra". Agencias EFE y DPA .
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